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Constanza, en camino de la emergencia ambiental (2 de 2)

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Constanza_en_camino_de_la_emergencia_ambiental_2_de_2DIARIO LIBRE / 19 DE AGOSTO DE 2014 / POR EDUARDO GARCÍA MICHEL

En Constanza y sus alrededores hay otros problemas en adición a los ya señalados, como por ejemplo la depredación salvaje que sigue teniendo lugar en el macizo situado en los alrededores del Salto de Aguas Blancas y en el propio parque nacional recién achicharrado de Valle Nuevo o Juan Bautista Pérez Rancier.

¿Es acaso casual que se dijera que el reciente fuego que afectó hace pocos días a ese parque nacional, lo empezaron algunos “campesinos” en busca de hacer conucos? ¿No es cierto que la probabilidad de que hubiera sido así sigue siendo muy alta? ¿Es una coincidencia que en medio de las llamaradas algunos técnicos forestales, encargados de evitarlas, expresaran que los incendios son benéficos para los bosques siempre que ocurran en intervalos no menores a diez años, lo que podría inhibir el interés por sofocarlos? Afortunadamente, la lluvia se compadeció y ayudó con su eficiencia indudable a que pudiéramos preservar del fuego aun fuere un trocito de ese tesoro no bien valorado.

Lo irónico es que en el acceso a ese parque nacional existe una barrera, un brazo de madera, donde se cobra un peaje al visitante como símbolo de que se va a penetrar a un recinto protegido. Pero, de inmediato, tan pronto se paga el peaje, el visitante puede ver a continuación como bajan los camiones llenos de vegetales producidos allí en pleno parque nacional por mano de obra haitiana, contratada por empresarios agrícolas dominicanos.

Los alrededores de ese “parque nacional” son un bochorno que ampara la siembra de todo tipo de vegetales en terrenos de pendiente de vértigo, donde nunca se debió permitir que se hiciera labor agrícola alguna.

El país está huérfano de disposiciones razonables de ordenamiento territorial y ambiental, que se cumplan por encima de tantos pequeños y grandes intereses particulares que amenazan con dejarnos en la tierra pelada y desnuda, sin un árbol en las cuencas hidrográficas y sin una gota de agua para calmar la sed.

Y sigue sin acabar ahí el asunto.

También hay que citar las condiciones sanitarias precarias en las que vive una parte de la población de Constanza, ubicada en los suburbios y en la cercanía del pueblo, digna de mejor atención y suerte.

Debe mencionarse también el insólito bloqueo de la carretera en la salida hacia San José de Ocoa, por la invasión perpetrada por “padres de familia” que han prácticamente cerrado el acceso para construir, sobre parte del afirmado de la carretera, pequeñas viviendas con la esperanza de ser recompensados luego por el estado benefactor, sin que nadie reaccione, ni diga nada, ni se oponga ante tanta insensatez.

Otro aspecto es el de la música estridente y rompe tímpanos que se prodiga montada sobre megatones de decibeles hasta altas horas de la madrugada, complementada por un mar de vasos plásticos y de botellas regados por el suelo sobre todo en los alrededores del parque y del campo de aviación, que suele retumbar en los hígados embriagados de alcohol y herir la sensibilidad y derecho al descanso de toda una comunidad.

Ante una sucesión tan larga de hechos que menoscaban el futuro de una comunidad laboriosa y sana como es la de Constanza, surgen estas preguntas: ¿es la cultura del daño al medio ambiente, de destrucción de la tierra fértil, del ruido y del alcohol consumido por barricas con la consiguiente aglomeración de vasos plásticos y botellas rodando por las calles, la que desarrolla los pueblos? ¿Es ese el circo que se brinda, cuando lo lógico es crear las condiciones que ayuden a una comunidad a superar lo que todos tenemos de primitivo?

A diferencia de lo ya señalado, Sorrento, otro pequeño paraíso situado en Nápoles, Italia, es un ejemplo de cómo hacer compatible la agricultura y agroindustria con el turismo. Vive del turismo pero ha conservado la agricultura y agroindustria. Los olivares milenarios de la época romana lucen enhiestos cubriendo las montañas que caen al mar y en el pueblo cada patio es un huerto abierto a la contemplación. Mostrar como se fabrica queso ricota o se convierte la aceituna en aceite es una atracción que los turistas pagan muy bien.

En cambio, Constanza, ese valle singular por la hermosura de su entorno y su agradable temperatura, está siendo sometida a un cambio tan dramático que afecta negativamente su potencial y tiende a convertirla en un estado de emergencia ambiental.

Es evidente que las perspectivas de desarrollo turístico y de albergue de los que desean retirarse o construir segundas viviendas, que con mucha probabilidad constituyen su mayor potencial de desarrollo junto a una agricultura y agroindustria amigables con el medio ambiente, han comenzado a desvanecerse por la sencilla razón de que lo que atrae es el contacto con lo verde, con la naturaleza, los bosques, los espacios abiertos y el paisaje que pueda contemplarse sin obstáculos.

Ordenamiento territorial, limpieza, orden, cortesía y ausencia de contaminación, visual y no visual, son indispensables tanto para atraer a los visitantes y retirados como para que los residentes originarios de allí mejoren su calidad de vida.

Los entes de desarrollo y las personalidades prominentes de la comunidad de Constanza, que los hay muy serios y comprometidos, deberían percatarse del daño tremendo que se está causando. Y, actuar en consecuencia, lo que implica entre otras cosas exigir a las autoridades que colaboren en una campaña para frenar y revertir lo que está ocurriendo. El subdesarrollo es, en parte, eso: no darse cuenta a tiempo de lo que hay que remediar.

¡Qué pena! Un paraíso natural en camino de ser destruido por la indolencia de tantos.

Y lo escribo con dolor porque me siento constancero de adopción y me duele como al que más todo lo que afecte a ese maravilloso pueblo.

Y bueno, tampoco es que lo que se ha dicho sea exclusivo de la zona de Constanza. También está ocurriendo con matices diferenciados en otras áreas del país, lo que indica que es urgente la ejecución de planes de ordenamiento territorial y ambiental que se cumplan a rajatabla y se deslinde con claridad el interés privado del público.

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