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Malecón turístico con el pueblo incluido

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Malecon_turistico_con_el_pueblo_incluidoDIARIO LIBRE / 11 DE MAYO DE 2015 / POR JUAN LLADÓ

La creciente competencia en el mercado turístico internacional exige pensar fuera del cajón. Si no ahondamos nuestra especialización como destino, mejorando significativamente nuestro producto turístico, corremos el riesgo de quedarnos rezagados. Por eso se precisa la orquestación de algunos cambios en la faz de nuestra Ciudad Primada de América, siendo el más importante el rediseño del Malecón. Este debe responder mejor a las necesidades de recreación de la población mientras proyecta, al mismo tiempo, una imagen que dignifique la Patria ante los ojos del visitante extranjero.

Según el diccionario, un “malecón” es un muro de protección contra las aguas, un rompeolas, un muelle o un paseo marítimo. Sus diversas acepciones sugieren diversos usos. Pero el de Santo Domingo sólo podría describirse como un paseo marítimo que sirve al transporte citadino y es lugar de esparcimiento para la población. Eso de seguro explica que, mediante la Ley No.305 del 1968, se incluyera como parte del Parque Nacional Litoral Sur.

Es de lamentar que la función de esparcimiento acusa hoy día fallas garrafales. Si definimos al Malecón como la franja costera que discurre entre el puerto y Manresa, una rápida inspección las revelaría. Evidentes son las porquerías que tornan desagradable un paseo a pie, los insuficientes parqueos y arborización, el deficiente mobiliario urbano y el desorden en los lugares que atraen al publico. Los extremos de Montesinos y Manresa son entornos convertidos “en refugio de indigentes, prostitutas y delincuentes”. Por eso un reportaje de prensa dijo que el Malecón estaba entre “lo sublime y lo inmundo”.

El Ministerio Ambiente y el cabildo capitalino (ADN) son las instituciones con responsabilidad directa sobre el Malecón. De la primera nunca ha salido un “plan de manejo” para esta área protegida, ni se ha registrado una intervención de consideración, a pesar de que el litoral costero-marino de todo el país está bajo su autoridad y protección. La segunda ha parido, algunas iniciativas felices, tales como la remodelación del Parque Eugenio M. de Hostos y de la Plaza Guibia. Pero otras intervenciones –como las rústicas lamparas que iluminarían el trayecto desde la Avenida Lincoln hasta Manresa y las feas plataformas salientes de metal para… divisar el mar—han sido grotescas.

Un observador advertirá fácilmente que el paseo tiene un enorme potencial para transformarse en el epicentro de la diversión capitalina. Para que sea un auténtico habitáculo de la alegría dominicana se deberá pensar en el recurso “malecón” como un diamante sin pulir que requiere de una visión integral que imparta coherencia a su paisaje urbano, atienda adecuadamente los usos mas congruentes y proyecte los valores patrios. Así se constituiría en un atractivo tan poderoso como la Ciudad Colonial para motivar las visitas de turistas extranjeros.

La obra correspondiente necesitará de mucha imaginación para lograr los objetivos con costos realistas. Por eso lo ideal sería que se licitara entre firmas bien calificadas. De entrada deben descartarse las intervenciones dramáticas y altos costos, tales y como la de duplicar el número de carriles de la vía y construir un puente que la enlace con la Avenida España. Tampoco elevados, ni remociones de edificios ya existentes.

Hay opciones de bajo costo que transformarían el Malecón para hacerlo más atractivo. A continuación se mencionan algunas que ofrecerían mejor servicio al pueblo, y acrecentarían el atractivo turístico. De seguro que habrá muchas otras ideas, pero lo siguiente ilustra alternativas viables que retratan la magnitud del rediseño requerido.

En un artículo anterior propusimos erigir soberbias estatuas de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón en distintos puntos del Malecón. También rebautizar el bulevar con el nombre de Paseo Juan Pablo Duarte. Eso no sólo sería un justo reconocimiento a la grandeza de esos patricios sino que, además, obligaría a los turistas a conocer algo de nuestra historia a través de ellos.

Otra intervención crearía un salto de agua en cascada en el promontorio rocoso que está detrás de la Comandancia del Puerto. Mudando ese cuartel a la margen oriental del río, el lugar se habilitaría como un pequeño parque con cafeterías que induzcan la visita del nacional y el extranjero. (Este podría ampliarse aun más si se derriba el muro trujillista adyacente.) Con la ya propuesta mudanza de la estatua de Montesinos a las inmediaciones del Faro a Colón se tendría un espacio adicional para construir un anfiteatro con la espalda al puerto, para así poder avistar los barcos que entran al antepuerto. Un pasadizo subterráneo conectaría al anfiteatro con el parquecito ubicado en la esquina de la Calle 19 de Marzo.

El uso del mar como recurso debe caracterizar el proyecto total. Por eso lo anterior iría concatenado con una marina en El Placer de los Estudios, la cual ha sido visualizada como parte del gran Proyecto de Sans Souci. El parquecito, el anfiteatro y la marina serían complementos ideales de la Ciudad Colonial.

La creación de playas artificiales no estaría al alcance por el momento. Pero debe examinarse la opción que representa un proyecto de ANAMAR que tiene como objetivo obviar el problema de la contaminación del Río Ozama, especialmente por su potencial para atraer inversión privada. Yendo de este a oeste a partir del espigón de la Plaza Juan Barón (PJB), el proyecto consiste en un espigón/rompeolas paralelo a la costa que permita formar una ensenada donde puedan atracar los barcos cruceros. Según la maqueta, esto también permitiría hasta la creación de una playa.

Pero de preferencia, por sus más bajos costos, sería la creación de piscinas donde la población pueda disfrutar del agua de mar descontaminada. Desde el Obelisco “Hembra” hasta la Avenida Lincoln hay por lo menos siete lugares donde se podrían excavar piscinas. Ya en tiempos de Trujillo había en el antiguo Parque Ramfis una gran piscina de uso público que podría restablecerse. También se pueden crear otras grandes piscinas en la PJB, el mismo Güibia y el cocal de la intersección con la Avenida Lincoln. Por supuesto, el agua para todas las piscinas se bombearía desde varios kilómetros mar adentro y se filtraría.

Por otro lado, desde la PJB y hasta la Avenida Máximo Gómez se crearía una rambla arborizada con adoquines de ladrillo y traviesas de madera de varios metros de ancho. Bellas jardineras y arboles frondosos serían esparcidos a lo largo de la rambla, y se prescindiría de los bancos de concreto continuos que son muy poco utilizados. En aquellos lugares donde exista una ancha franja de costa se ubicarían bancos mas acogedores, preferiblemente de madera, para incentivar la contemplación.

Frente al cocal de la Lincoln podría, asimismo, crearse un pequeño muelle que incentive el uso de botes recreativos a lo largo de la costa. Aunque los restaurantes y tarantines podrían ubicarse en el lado norte de la vía, también habría que buscar o crear lugares para ubicar algunos en el lado sur. Y, finalmente, habría que visualizar usos apropiados para la franja de costa que discurre desde la Lincoln hasta Manresa. Esos espacios podrían acoger diversos parques recreativos.

Queda claro que una intervención como la sugerida mezclará la población más estrechamente con los turistas. Ahí residiría su éxito. Pero el proyecto debe ser responsabilidad del Gobierno Central y su financiamiento incorporar la participación del sector privado e impuestos especiales a los negocios instalados en el Malecón. Ejecutado con firme voluntad, este rediseño debería complacer a la población y sacar mayores beneficios al turismo.

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