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Pelempito, aventura en el Sur profundo

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FOTO: Turismorural.com.do

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LISTÍN DIARIO / POR VÍCTOR MANUEL TEJADA

SANTO DOMINGO.- El disfrute del viaje: El trayecto a Barahona, primero, y Pedernales, después, permite aprovechar la riqueza cultural que ofrece la carretera de esta región.

Sentarse a la orilla de la piscina con un pozuelo de café entre las manos, para ver asomarse el sol por la azulísima línea del mar al amanecer, con las mejillas llenas de rojos y naranjas, es un anticipo de la extraordinaria belleza que depara una aventura hasta las antípodas, allá en el Sur profundo de la República Dominicana.

Mucho más allá de Barahona, donde casi no quedan carreteras ni caminos que recorrer, en Pedernales, a 335 kilómetros de Santo Domingo, esperan al viajero la inexpugnable majestuosidad del Hoyo de Pelempito y las arenas blancas, finas y sedosas de la playa de la Bahía de las Águilas.

El camino es largo, como siempre debe ser cualquier vía que conduzca al paraíso.
Antes de salir de la capital, asegúrese de incluir en su vehículo todo lo que necesita para disfrutar de este viaje, pero sobre todo saque del closet y póngase el espíritu de aventura y correcaminos que quizás no ha usado por mucho tiempo.

Lo más recomendable es dormir en Barahona, para salir temprano hacia la zona de Pedernales. El viaje vespertino hasta la tierra de María Montez es una experiencia cultural muy rica, sobre todo para los niños y adolescentes que quizás no tienen mucha oportunidad de conocer la vida más allá de los límites de la Capital.

Primero, a pocos minutos de viaje, está San Cristóbal, con sus pasteles en hoja, el balneario de La Toma, las montañas de Cambita y Loma Resolí y la cárcel de Najayo. Luego, en la carretera hasta Baní, los mangos banilejos que se venden a orillas de la vía en latas o en ‘‘poncheras’’, los cañaverales del ingenio Caei, el puente sobre el río Nizao (que llena la presa de Valdesia de donde sale el agua para el acueducto de Santo Domingo) y los dulces de Paya.

En Pelempito la temperatura puede bajar a cero en la noche

Después de pasar la ciudad de Baní y admirar su limpieza urbana, el paisaje cambia de repente y comienza la zona de bosque seco, camino a Azua. En este tramo es importante admirar los puestos de venta de escobas, los quioscos donde se expenden cebolla y pilones de madera, la ‘‘cuesta del número’’ y, casi al bajar a ‘‘la plena de Azua’’, mirar el sol acostarse en la cama que le ofrece el mar en la bahía de Ocoa.

Disfrute también del tramo de Azua a Barahona, con sus puestos para la venta de plátanos en la carretera, los paisajes secos y áridos, los pequeños pueblos a la orilla de la vía.

Para hospedarse

En Barahona hay algunos buenos establecimientos para hospedarse. Son recomendables, en particular, Casa Bonita y Bahoruco Beach Resort, hoteles ubicados algunos kilómetros más allá de la ciudad, casi al llegar a la comunidad de Paraíso.

Si llega al final de la tarde al hotel, podrá saborear en la cena la deliciosa comida criolla, incluyendo pescado al coco y plátanos maduros ‘‘pasados por el caldero’’.
Al despuntar la mañana, conviene dejar la cama bien temprano para ganar el primer premio del día: la luminosidad del sol al amanecer. Y después un desayuno criollo, con víveres, queso blanco frito, tortillas de huevos, jugos frescos, café con leche.
Y listos todos para seguir camino hasta la Loma de Pelempito. Habrá que cruzar los pueblos de Paraíso, San Rafael, Enriquillo y Oviedo, pero lo más fascinante es la belleza de esa costa, donde los tonos verdes y azules se mezclan de manera armoniosa, una veces, o contrastante, otras, como los sonidos de los instrumentos en una gran banda de jazz.

En esta carretera, que en una buena parte corre a la orilla de la montaña, hay algunos miradores que permiten solazarse en la contemplación de la ‘‘costa azul’’.
Más adelante, no deje de ver la cascada de San Rafael, el balneario de Los Patos, la hermosa playa de Enriquillo y la laguna de Oviedo, famosa por las viajacas (tilapias) que los lugareños consumen casi siempre fritas.

Poco después de pasar el pueblo de Oviedo, a mano izquierda está la estación forestal donde hay que comprar los boletos para tener acceso a la playa de Bahía de las Águilas.

La señalización de la carretera, que en este punto se vuelve solitaria y silenciosa, no permitirá ningún extravío. Una indicación clara y muy visible le indicará la vía, la cual está en muy buenas condiciones, que debe tomar para llegar al Centro de Visitantes del Hoyo de Pelempito.

A la entrada de la reserva, hay un retén militar donde se compran los boletos para ingresar al área del Hoyo de Pelempito. El costo cubre la entrega de valiosos materiales impresos que detallan la flora, las aves, los senderos y la historia del Centro de Visitantes. De aquí en adelante, el ascenso es casi continuo, hasta llegar a una altura de 1,250 metros. El clima es delicioso, porque sopla una brisa ligera y muy fresca. Después de 15 minutos más de trayecto, al fin!, el Hoyo de Pelempito.
Desde el parqueo donde se dejan los vehículos, un sendero conduce en medio del bosque hasta el Centro de Visitantes, ubicado en un risco donde se puede, de una sola mirada, observar toda la apabullante majestuosidad del Hoyo de Pelempito y ver la naturaleza tal y como era hace mil años.

Una depresión

El Hoyo de Pelempito es una impresionante depresión, ubicada en el Parque Nacional Sierra de Bahoruco. Tiene una forma triangular de 2.5 kilómetros de ancho por 7 kilómetros de largo.

Esta depresión es el resultado de varias fallas geológicas y el hundimiento de un inmenso banco de coral emergido del océano. En el fondo hay un bosque de árboles muy denso.

El fondo del Hoyo, que se encuentra a más de 700 metros por debajo del nivel en que está el Centro de Visitantes, tiene un área de 10.28 kilómetros cuadrados. El desnivel entre el Centro de Visitantes y el fondo del Hoyo hace que los árboles parezcan pequeños yerbajos, a la vista de los turistas.

El Centro de Visitantes, construido totalmente en madera, se encuentra en uno de los bordes, a una altura de 1,165 metros sobre el nivel del mar (más alto que Constanza) y tiene servicios sanitarios.

Las temperaturas oscilan entre los 25 grados, al mediodía, y cero grados durante la noche, según las estaciones. Mientras, los vientos sobrepasan los 80 kilómetros por hora en algunos momentos del día.

El vuelo de las águilas.

También es el tiempo propicio para emprender el camino hacia Bahía de las Águilas, una de las playas más hermosas con que cuenta toda la geografía de la República Dominicana, la cual está ubicada en el Parque Nacional Jaragua.

Al bajar desde el Hoyo de Pelempito, el camino tampoco deja espacio para el extravío, porque hay letreros que indican la ruta hasta la Bahía de las Águilas, a donde se llega después de recorrer un camino de tierra y pasar por un pequeño poblado de pescadores.

Para llegar a esta playa lo más recomendable es utilizar un vehículo de doble tracción, como los denominados todoterreno, ya que el trayecto incluye dos empinadas cuestas con superficies de abundante arena suelta, lo que dificulta el ascenso. Después de bajar la segunda y empinada cuesta, ya en el llano costero, aproveche para observar de cerca los extraños cactus en forma de melón que crecen a ambas orillas del camino.

Y al llegar a la playa, perfectamente señalizada, no hay más recomendaciones, simplemente disfrute con su familia y amigos del placentero baño en las aguas cristalinas, camine por la suave arena, disfrute de la sombra de algunos arbustos de uvas de playa, en fin, diviértase a cuerpo de rey. Lo mejor es dejar el lugar antes de que anochezca, porque habrá que recorrer el camino de regreso y volver a subir las pendientes. Sin embargo, al salir no se pierda el derramamiento de colores que deja el sol cuando se marcha al final de la tarde. Si quiere dormir en Pedernales, hay un hotel muy básico, pero limpio y acogedor, que se llama Fundacipe, y hay algunos restaurantes donde puede cenar, sobre todo pescados y mariscos, como el de Mary Federal y el King Crab.

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