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… 37 años después

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37_años_despuesHOY / 18 MARZO 2006 / PAÍS BAJO TIERRA / POR DOMINGO ABRÉU COLLADO

En ciencia todo sirve, hasta algunas malas prácticas. Aunque sería mucho mejor tomar pruebas y experiencias ajenas antes de experimentarlo nosotros. El problema es que en ciencia no siempre se cuenta con todo el tiempo necesario para lograr informaciones que solamente se obtienen con experiencias.

Tampoco se tienen a mano los instrumentos y equipos necesarios como para… acelerar el tiempo, por ejemplo, y mucho menos lograr esa aceleración en el interior de una cueva.

La “Cueva 70-B”, con 32 petroglifos, 25 de ellos resaltados mediante el uso de tiza, había sido visitada en 1969 por miembros del Instituto Antropológico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la entidad universitaria que luego se transformaría en el Centro de Investigaciones Antropológicas (CENDIA), y luego en el Instituto de Investigaciones Antropológicas (INDIA), que es como se denomina en la actualidad.

El método del resaltamiento de petroglifos utilizando tiza ha sido empleado desde hace muchos años para poder lograr mejores fotografías, puesto que sin ese resaltamiento no era posible conseguir una buena imagen de las figuras grabadas sobre las concreciones de las cuevas. Además, con la tiza podían resaltarse trazos que son apenas visibles y que resultan casi imposibles de resaltar con cualquier otra metodología de relevamiento rupestre.

No obstante, el método del tizado ha sido criticado reiteradamente por los daños que éste podía causar a los grabados, aunque todavía no se había establecido objetivamente a qué tipo de daño quedaban expuestos los grabados rupestres. Es bueno recordar que todavía existen “investigadores” que utilizan el tizado para los propósitos indicados, poniendo en riesgo estas manifestaciones en cuevas de la República Dominicana.

Lo hecho por los miembros del Instituto Antropológico de la UASD trae el tema del tizado de nuevo a la mesa de discusión, esta vez con pruebas irrefutables del daño que este método causa en los grabados rupestres.

En la “Cueva 70-B”, la tiza concrecionó de tal manera que se transformó en una costra tan dura como la roca misma, formando una capa con gránulos de aristas filosas y adoptando una textura parecida a la del papel de lija de grano grueso.

Las causas de este concrecionamiento de la tiza debe estar en el mismo origen de ésta, pues se trata de carbonato de calcio procesado, que al entrar en contacto de larga permanencia con el carbonato de calcio de las formaciones secundarias de la cueva, desarrolló algún proceso físico-químico que favoreció su endurecimiento. Es decir, el material de la tiza recuperó su capacidad concrecionante al encontrarse de nuevo en su medio original mineral natural.

Sin embargo, esto no significa que todos los tizados van a reaccionar de la misma manera, pues probablemente debe haber condiciones particulares de humedad y temperatura en las paredes y el ambiente para que esto suceda, como ocurre con el concrecionamiento del carbonato de calcio que da origen a las formaciones secundarias del interior de  las cuevas. Pero el hecho nos indica que definitivamente el tizado es perjudicial para los grabados rupestres, y como tal no debe utilizarse nunca como método de relevamiento.

Para el relevamiento del arte rupestre aborigen tendrá que ser más que suficiente el dibujo y la fotografía, con la que pueden realizarse trabajos fabulosos utilizando adecuadamente la luz para resaltar los grabados.

En el caso de la “Cueva 70-B” el proceso es irreversible, pues el efecto ya no es posible eliminar sin crearle más daño a los petroglifos afectados.

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