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Cueva José María arte e historia

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Cueva_Jose_Maria_arte_e_historiaLISTÍN DIARIO / 21 DE OCTUBRE DE 2012

Destinos del Este

En el corazón del Parque Nacional del Este, en la zona oriental de nuestro país, reposa un sueño de siglos: mil doscientas pinturas que cubren las paredes de una cueva de ciento cincuenta metros de recorrido, dispersas por galerías, salas y rincones.

La cueva es absolutamente oscura, y se accede a ella bajando por una rampa que termina en un estrecho túnel, verdadero útero telúrico que da paso a la primera gran sala de la caverna.

No fue por casualidad que los taínos eligieron esta cueva para dejar plasmado gran parte de su saber y de su historia; la morfología de esta cavidad se asemeja mucho al aparato reproductor de la mujer y, dado que, según su mitología el pueblo taíno salió de una gruta y la Tierra era de sexo femenino, ésta era el lugar idóneo para ser utilizado por caciques y behiques (sus chamanes) como santuario con fines rituales.

En la Cueva José María hay pintadas muchas cruces; una de ellas, la de mayor tamaño, tiene la orientación de los puntos cardinales. Era este, sin duda, uno de sus símbolos religiosos más importantes. Colón nos relata en su diario que, al bajar a tierra para tomar posesión de los lugares que recorría, llevaba siempre enarbolada una bandera con el símbolo de la cruz y, por si fuera poco, dejaba siempre colocada un gran crucifijo de madera en los cabos donde anclaba las naves.

No es de extrañar, pues, que los taínos, al encontrarse con estos extraños hombres barbados izando su más sagrado símbolo, pensaran que eran los emisarios de sus dioses. Si a esto añadimos que lo que les daban al llegar era, sobre todo, cascabeles de cobre (precisamente de cobre, el metal sagrado de los taínos, el mítico guanín) ya no podía quedarles duda alguna del carácter sagrado de los recién llegados. No fue la estupidez ni la inocencia lo que convirtió en dioses a los españoles en aquel primer contacto con el aborígen antillano, sino la casualidad fatal en cuanto a la similitud de los símbolos religiosos taínos con los objetos y representaciones de la fe de los colonizadores.

Sistema de comunicación

Los taínos sabían mucho más de lo que pensaron los conquistadores pues, en específico los pueblos que habitaban esta parte de la isla, tenían un sistema jeroglífico de comunicación, constatado en multitud de paneles pintados en la cueva de “José María”.

Hay pictogramas que nos hablan de su mitología, de la creación del mar, del nacimiento de los gemelos místicos, y de los tiempos en que los taínos vivían en una caverna, la legendaria Cacibajagua.

Otros, tratan sobre temas históricos; algunos ofrecen detalles sobre su calendario. Estos últimos también tuvieron especial trascendencia en el momento del contacto con los españoles.

Gracias al estudio de las pinturas de la cueva y al calendario inciso en el “Vaso Dominicus”, hallado en el Manantial de la Aleta, próximo al poblado de Cotubanamá y a la Cueva José María, se ha  podido descifrar el calendario de los taínos.

Dicho instrumento precolombino constaba de un año lunar de trece meses con veintiocho días, para luego ser llevado a un año solar de dieciocho meses con veinte días más cuatro de ajuste. Los períodos lunares se contaban en ciclos de tres lunaciones siderales consecutivas, siendo ésta la unidad de tiempo más corriente.

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