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Daños ocasionados en las cuevas

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Daños_ocasionados_en_las_cuevasHOY / 7 DE ENERO DE 2006 / PAÍS BAJO TIERRA  / POR DOMINGO ABRÉU COLLADO

No es que a uno le entre neurosis con los daños en las cuevas, sino que es bueno saber cuándo los daños son ocasionados por la gente y cuando los daños ocurren solos, sin intervención humana, antes o ahora. Igualmente es saludable saber cuándo esos daños pueden ser evitados o cuándo pueden ser corregidos sin causar daños peores.

Las otras tres causas de daños naturales en las cuevas que pueden afectar las pinturas rupestres son los depósitos superficiales, el crecimiento de vegetación (líquenes, musgos y otros vegetales) y los impactos provenientes de caídas de piedras.

Los depósitos superficiales son aquellas formaciones o concreciones que se han iniciado luego de la presencia de las pinturas y que crecen sobre éstas o simplemente las destruyen. Estos fenómenos son corrientes en todas las cuevas del mundo, originadas tanto por la infiltración de agua cargada de carbonato de calcio que va dejando estelas blancas sobre las pinturas, u originadas por la evaporación del agua que entra en las cuevas, formando pátinas y pústulas que van cubriendo lentamente el arte parietal.

En estos últimos casos no hay forma de impedirlo. Bueno, sí puede haber una forma, solo que las transformaciones físicas dentro de la cueva afectada se impondrían al aspecto natural. Pero si las pinturas resultan ser tan únicas e importantes bien vale la pena la intervención. De otra manera hay que dejarlas perder.

En muchas de nuestras cuevas ha ocurrido ese fenómeno, pero al igual que los casos citados en los artículos de la semana pasada y anteriores, siempre citamos como ejemplo a la Cueva de las Maravillas, por ser la cueva intervenida en República Dominicana de mayor relevancia nacional e internacional, pero además, donde esos fenómenos han ocurrido y pueden verse claramente.

Otro daño de origen natural es la vegetación: líquenes, musgos y otros vegetales, siempre tendrán oportunidad de presentarse en las cuevas, principalmente si se trata de cuevas húmedas y donde penetra el sol, sea frente a la entrada o a través de claraboyas. Para la República Dominicana, y la isla entera, el crecimiento de líquenes, musgos y otros vegetales, como los helechos, siempre será una amenaza imposible de erradicar. Dada nuestra naturaleza tropical, su consecuente exuberancia y nuestra prolífica biodiversidad, a lo sumo lo más que puede hacerse es evitar la deforestación en torno a las cuevas, de manera que pueda mantenerse el ambiente más umbrío posible y evitar la penetración de los rayos del sol hasta las paredes cargadas de humedad y esporas o semillas, evitando así su desarrollo y crecimiento de la vegetación-amenaza.

En las cuevas que se habilitan, y que por lógica demandan la inclusión de luz artificial para su apreciación y disfrute, esta posibilidad se reduce sensiblemente limitando la exposición de las paredes a la luz. Por otro lado, evitar las luces blancas es también una alternativa para que no crezca vegetación. O, como se hizo en la Cueva de las Maravillas, para evitar el riesgo de crecimiento de hongos o líquenes se ha utilizado luces color ámbar en las zonas con arte rupestre que quedan más expuestas a las luces.

Finalmente, y terminando con los daños de origen natural que puede recibir el arte rupestre de las cuevas, se tiene como tal a la caída de piedras y sus impactos.

Es de todos sabido que el proceso de formación de cuevas puede dejar bloques, voladizos y fragmentos de rocas a punto de caer, lo que en algún momento ocurre. Pues la ocurrencia de caídas de rocas puede afectar grave o levemente alguna muestra rupestre anterior a esa caída. Nosotros mismos, durante nuestras investigaciones, hemos encontrado pinturas y petroglifos en lugares que originalmente no serían utilizados con ese propósito. Ha ocurrido que la caída o movimiento de rocas ha bloqueado su acceso franco, y en ocasiones ha dañado la obra rupestre.

Lamentablemente, la mayoría de los casos de caída de piedras y concreciones que conocemos, y que han hecho daño a hechuras rupestres, no han sido de origen natural, sino propiciadas por la inobservancia humana. Pero de ese tipo de daño vamos a hablar en el próximo trabajo.

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