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Dato Pagán y las cuevas dominicanas (3 de 3)

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Dato_Pagan_y_las_cuevas_dominicanas_3_de_3HOY / 20 DE MARZO DE 2004 / POR DOMINGO ABRÉU COLLADO

El “precipicio” al que se refería el profesor Pagán Perdomo consistía en la inseguridad que rodea cualquier iniciativa relacionada con actividades antropológicas (espeleológicas, arqueológicas, rupestrológicas, sociológicas) en la República Dominicana, mucho más en los años 80. Por eso, al introducir el VIII Simposio de Arte Rupestre Americano, Dato Pagán recordaba el “temor porque poner en nuestras manos su realización, significaba aceptar una tremenda responsabilidad frente a toda la comunidad científica latinoamericana, por lo menos en este aspecto, y no teníamos la más mínima noción de cómo hacer frente a semejante compromiso, que no sólo representaba un compromiso personal sino de toda la nación dominicana”.

Ese simposio tomó para su preparación tres años (de 1984 a 1987) y tres directores del Museo del Hombre: José del Castillo, Elpidio Ortega y Fernando Morbán Laucer. Y aunque los tres lo respaldaron, fue a éste último a quien correspondió empeñar la palabra más definitiva y los últimos recursos del Museo para apoyar a Dato en su responsabilidad con ese simposio, brillante por demás gracias a la conocida consagración del profesor Pagán, aunque terminado el evento juró no involucrarse jamás en la organización de algo similar.

En 1990 se celebró en Cuba el Congreso Aniversario de los 50 años de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Yo participé como representante del Espeleogrupo de Santo Domingo, con la encomienda fundamental de presentar el problema de las Cuevas del Pomier en un ámbito internacional. No obstante la problemática de esas cuevas y su impacto en la comunidad de espeleólogos y rupestrólogos de América y países de los demás continentes participantes, todas las preguntas sobre mi exposición me llegaban con la interrogante de la ausencia de Dato Pagán, pues su inasistencia preocupaba a cantidad de gente a causa de la salud de Dato, que había sufrido una intervención quirúrgica del corazón. Debí prometer en ese congreso que aseguraría su participación en el siguiente.

Dos años mas tarde, en 1992, se celebró en Pinar del Río, Cuba, el Segundo Congreso de la Federación Espeleológica de América Latina y el Caribe FEALC , y su Cuarta Reunión Ordinaria, a la que asistimos con el profesor Pagán Perdomo, como habíamos prometido. En esa reunión Dato resaltó el trabajo del Espeleogrupo en la República Dominicana, haciendo hincapié en la participación del Grupo no solo en la conservación de las cuevas, sino en todo el movimiento conservacionista y ambientalista.

En 1993 la presión por el rescate de las Cuevas del Pomier había llegado a su punto culminante, lográndose detener el avance de las compañías sobre las cuevas y obteniendo posibilidades económicas para iniciar los trabajos de limpieza de grafitis y desechos sólidos en cinco de las cuevas. Dato Pagán se incorporó (con todos sus años y dolencias) a los trabajos de limpieza de grafitis de la Cueva No. 1.

En 1994 el profesor Pagán había iniciado la escritura del último de sus libros, el que recopilaría todos los trabajos sobre arte rupestre realizados en la República Dominicana, libro que incluiría los métodos de relevamiento rupestre. Con ese propósito nos había solicitado toda la información que habíamos recopilado hasta esa fecha sobre las cuevas trabajadas por el Espeleogrupo de Santo Domingo.

En 1996 fue nombrado director general del Museo del Hombre Dominicano. Las condiciones de arduo trabajo y el sobreesfuerzo en el cumplimiento de sus responsabilidades en el Museo hicieron una gran mella sobre su salud. Aun en esas condiciones continuó escribiendo, tanto para el libro como para el Boletín oficial del Museo del Hombre. Así, en el Boletín No. 27 apareció el artículo “El Estudio del Arte Rupestre en la Isla de Santo Domingo”, una especie de introducción del libro que escribía.

En el año 2000 publicó en el Boletín No. 28 el artículo “Notas Sobre el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales en la República Dominicana”, una especie de grito o llamado para reforzar los mecanismos contra el saqueo y la salida de objetos de arte indígena del país.

Ese artículo fue el último hálito de vida de un hombre de ciencias que cumpliendo con sus deberes ciudadanos acudía a su sitio de trabajo sin fuerzas suficientes para subir los escalones hasta su despacho. Dato murió el 16 de mayo del 2000, día de las últimas elecciones presidenciales, día en el que nadie le echaría de menos. Harán cuatro años el próximo 16 de mayo, pero nadie se acordará.

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