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La Cueva de Chepa (3 de 4)

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Caracolum excelens, molusco terrestre.

Caracolum excelens, molusco terrestre.

HOY / 28 DE JULIO DE 2007 / POR DOMINGO ABREU COLLADO

El aspecto biológico en la Cueva de Chepa, localizada en Bayaguana, es uno de los más relevantes, pues se trata del resultado de la sumatoria de elementos naturales en un entorno donde se combinan la exuberancia vegetal, la cálida temperatura del ambiente exterior, la abundancia de agua y alta humedad relativa. Todo ello lleva a la resultante de una cueva con gran actividad biológica, principalmente faunística, con una especial distribución de ecosistemas bien diferenciados unos de otros.

Dos poblaciones se destacan enormemente. Una población de varios miles de murciélagos Macrotus waterhousii (murciélago orejudo, muy reverenciado por los aborígenes), y una población de golondrinas de cueva: Petrochelidom fulva. La primera, la de los murciélagos, habita en la zona más oscura de la cueva, prácticamente a medio camino entre la entrada horizontal y la entrada vertical. La segunda, la de las golondrinas, también en número de miles, habita en el gran espacio que da a la entrada vertical, bastante aireado y claro, ideal como hábitat para estas pequeñas aves, donde pueden anidar en las anfractuosidades de sus paredes.

La población de murciélagos, en la oscuridad total, es punto de partida para otra población dependiente de éstos: arácnidos, coleópteros y guanobios que dependen de la energía introducida a la cueva por los murciélagos, tanto en sus heces fecales como en los productos que traen del exterior, tanto restos de insectos como restos de frutas y semillas. En conjunto, y en el medio físico en que se desarrollan, forman un ecosistema totalmente diferente al otro en cuestión, el de las golondrinas.

Las Petrochelidom fulva, habitando en la claridad que permite la entrada superior de la Cueva de Chepa, son el punto energético de partida para la proliferación de otros animales en el suelo, habituados éstos a la claridad y aprovechando las heces fecales de las golondrinas, los huevos y pichones que se caen, el musgo y las algas que crecen a favor de la luz. Entre éstos hay también arácnidos, pero suelen encontrarse anélidos, coleópteros y otros animales.

En ambos ecosistemas pueden encontrarse animales como los amblipígidos (guabás de cuevas) y eleuterodáctilos (pequeños sapos), pero los animales de mayor tamaño aparecen en la zona más iluminada, la que dominan las golondrinas.

Una particularidad en la Cueva de Chepa, pero que de seguro también se manifestará en otras cuevas de la región, es la abundancia del “Caracolum excelens”, una especie de molusco terrestre que nuestros indios consumían, tal y como se consume en Europa el escargot, también molusco terrestre.

Y no podrían faltar las culebras, pues la abundancia de murciélagos, golondrinas y sapos garantiza la presencia en el suelo de pichones de las golondrinas y recién nacidos de los murciélagos, detrás de los cuales siempre penetran las culebras a las cuevas.

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