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Una cuestión de círculos

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Una_cuestion_de_circulosHOY / 8 JULIO 2006 / POR DOMINGO ABRÉU COLLADO

Los círculos entraron en la macrovisión indígena de muchas maneras: la redondez del sol, la redondez de la luna, la redondez de la cara humana, la redondez de los ojos, de la boca abierta y del resto de orificios humanos. Sin embargo, la particularidad de los círculos concéntricos dentro de esa macrovisión indígena es algo que todavía está por comprenderse.

La explicación inmediatista de algunos estudiosos de la rupestrología quiso darle salida a la cuestión de los círculos –y principalmente a la de los círculos concéntricos–, vinculándolos a formas gráficas para contar los días. Es decir, los vinculó a calendarios. Eso, por la simulación de los ciclos día-noche y de los ciclos equinocciales y solsticiales. En algunos casos, algunos estudiosos han llegado a peregrinar con la asociación de los círculos con la división del día.

En definitiva, que nada tenemos en concreto en cuanto a los círculos, salvo la representación de soles, lunas y rostros, y quizás la asociación de los círculos concéntricos con las ondas que suelen producirse sobre superficies líquidas, como la caída de una piedra en agua estancada, algo que a todos, en alguna ocasión, se nos ha antojado bello, mágico y simbólico.

En el estudio rupestre dominicano los círculos han aparecido en casi todas las cuevas con pictografías o con petroglifos, pero siempre asociados a rostros. Algunos completos –con ojos y boca– otros solamente el círculo, como una cara en blanco.

Un círculo muy especial es la plaza ceremonial de San Juan de la Maguana, conocido también como “el Corral de los Indios”. La presencia de piedras de río cubriendo partes del piso sugieren la idea de círculos concéntricos en torno a la piedra dolménica –y con un petroglifo como rostro–, que se encuentra (ahora) horizontal en el centro de ese monumento indígena.

Entre sus particularidades está que parece ser el único monumento megalítico circular, pues las demás plazas ceremoniales conocidas son rectangulares. Su redondez puede asociarse quizás a una cultura anterior a los Taínos, como hemos insistido en relación con el arte rupestre igneri y el arte rupestre taíno, visibles en las Cuevas del Pomier, principalmente –el ingerí- en las cuevas “del Puente” y “del Símbolo”.

Quizás por eso los círculos concéntricos no son tan comunes en nuestra rupestrología. Estos aparecen repetidamente, por ejemplo, en la Cueva del Puente, reiteramos, cuyo arte rupestre es igneri. En las demás cuevas de El Pomier, donde predominan las pinturas y petroglifos taínos, no aparecen. Como tampoco son comunes, o no aparecen, en el resto de cuevas que hemos trabajado.

Ustedes recordarán que en el sitio de Ayastas, cerca de Tegucigalpa, en Honduras, encontramos la representación petroglífica de los siameses que están también en la cueva Hoyo de Sanabe, similares también a los siameses de la Cueva del Pomier No. 1. Pues ocurre que también los círculos concéntricos aparecen también en ambos sitios rupestres: Ayastas y El Pomier. Estos círculos aparecen en la Cueva del Puente, tanto en forma petroglífica como pictográfica, lo que sigue asociando a las cuevas del Puente y Hoyo de Sanabe, con el arte rupestre que encontramos en Ayastas, algo que nos sugiere identidad cultural indígena con esa nación centroamericana, el segundo punto más cercano que tenemos con el continente americano después de Punta Gallinas, de Colombia.

Naturalmente, esto nunca lo vamos a plantear como uno de los “misterios” aborígenes, sino como uno de los retos que tenemos en el estudio rupestre americano y caribeño.

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