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El Naranjo, un río navegable en una caverna de Los Haitíses

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El río El Naranjo es navegable a pesar de tener una longitud de 120 metros.

SABANA DE LA MAR. El río El Naranjo, que es navegable a pesar de su longitud de 120 metros, nace en una caverna y puede considerarse una joya de la naturaleza en Los Haitíses que disfrutan turistas nacionales y extranjeros.

Este es una de las mejores cartas de presentación de los atractivos turísticos que alberga la reserva natural en el ala este. Es una atracción digna de conocer, porque permite apreciar el río más corto de la zona y de agua gélida. En una embarcación se puede llegar hasta su nacimiento, de donde el agua sale a borbollones entre las rocas.

La caverna es reservorio de murciélagos y vencejos, y en sus aguas habitan especies de peces nativas, que en otros ríos y arroyos son cosas de pasado, como guabinas, dajaos, carpías, camarones y jaibas.

Frente a una ensenada, compuesta de cayos y las cristalinas aguas de la bahía de Samaná, es como un lugar extraído de un libro de fantasías. Al lugar, por su belleza y su playa de arena de mar, es usado por turistas para bodas.

La caverna que da lugar al río es un lugar mágico, donde penetran las embarcaciones y desde donde se lanzan los turistas que se dejan arrastrar por la fuerte corriente de agua que sale de la gruta.

El verde bosque que cubre la gruta da un color azul turquesa al agua del corto río. Desde la gruta se aprecia hacia afuera un río en curva, alfombrado de un lado de un grueso follaje y al extremo este por una playita con arena de mar, color amarillo y muy fina.

La garganta, por donde brota el agua de entre las rocas, forma una cascada sin sol, por la oscuridad reinante en el interior de la caverna. Dentro de la caverna, en el ala este, existen bancos de rocas, que al parecer fueron diseñadas para impresionar a turistas y visitantes.

Esta caverna, producto de la formación cálcica de Los Haitíses, está a 8.35 millas náuticas, unos 15.53 kilómetros del embarcadero del río Caño Hondo hasta la caverna del río.

Aquí la naturaleza atrapa a los mortales y los adentra en un mundo de fantasías. Además del bello efecto que genera estar en sus aguas, este se ve potenciado por la calidad del agua, la cual es dulce, a pesar de la cercanía con la bahía de Samaná.

Al lugar no se pasa una hora sin que llegue una nueva embarcación con turistas. El trinar de aves y murciélagos incrustado en la parte superior de la caverna de El Naranjo no cesan y obligan a turistas a escucharlos.

Dentro de la vistosa gruta, el goteo del agua sobre el cuerpo de quien la recibe provoca una sensación lúdica.

Un río muy corto:
 
Frente al río y el mar, en un pequeño espacio de tierra de unos 300 metros, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales construyó una caseta para guardabosques, a fin de proteger la ensenada de los pescadores inescrupulosos. El nombre le viene por la existencia en el pasado de árboles de Naranjo, especie de los que quedan pocos en el lugar. Cuenta la leyenda que antiguamente el corto y frío río estaba reservado solo para el baño de los jefes indígenas, donde llevaban a sus hermosas mujeres a pasar el día y cocinar. Las embarcaciones de 23 pies de esloras penetran con facilidad con turistas hasta las paredes internas del nacimiento del río.
 
Fuente: Diariolibre.com
 
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