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Cascada con sabor a limón

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El salto El Limón es visitado con frecuencia.

El salto El Limón es visitado con frecuencia.

LISTÍN DIARIO / 16 DE AGOSTO DEL 2006 / POR SORANYI CAMPAÑA

RIQUEZA NATURAL: Este paradisíaco lugar está a 300 metros sobre el nivel del mar, enclavado en uno de los tres cerros que componen la sierra de Samaná.  Su flora y fauna es diversa, compuesta por especies endémicas.

Samana.- Es una imagen hermosa, su perfección es tal que cae en lo irreal. Un monumento natural, cuya belleza fue otorgada generosamente por Dios en forma de agua. Sí, en verdad la mano celestial se detuvo un momento en Samaná para dar paso a una cascada paradisíaca: el salto El Limón.

Está a unos 300 metros sobre el nivel del mar, enclavado en uno de los tres cerros principales que componen la sierra de Samaná, en la parte norte de la península. Aquí la lluvia es abundante, capaz de regenerar la cuenca del río El Limón y los nacimientos de seis arroyos, que deslizan sus aguas cristalinas hacia el salto.

Este hermoso lugar, que cuenta con una superficie de 18 kilómetros cuadrados y 40 metros de altura, es visitado por aproximadamente 40 mil personas al año, según informes de Basilio García, presidente de la Asociación Comunitaria de Ecoturismo de esa comunidad (Acesal).

Un recorrido por el salto El Limón, además de entretenido, sirve para ampliar el conocimiento sobre la botánica. Es que allí hay una amplia variedad de árboles nativos y endémicos, entre ellos Juan primero, Cigua blanca, Uva de sierra, Cabirma, o el Higüero, cuyo fruto seco era usado por los indígenas y hoy día se elaboran con ellos objetos de artesanía. La Palma real engalana parte del trayecto. Es protegida por las autoridades y apreciada por los moradores del lugar. Sirve, además, de hogar y lugar de anidamiento de la cigua palmera, ave endémica de la isla.

SI VAS A VISITARLO

Sí en su agenda figura una visita al Salto El Limón, área protegida con categoría de monumento natural, hay una serie de recomendaciones que la harán más interesante y segura:

  • Debes ir acompañado de un guía de la comunidad. Evita los servicios de guías improvisados y en la estación de lluvias, es preferible cabalgar.
  • En tiempo lluvioso (de mayo a diciembre, no todo el día), el suelo de los senderos se vuelve pantanoso. Se recomienda usar calzados apropiados.
  • Protégete del sol tropical y utiliza repelentes de mosquitos; es la única fauna molestosa, pero no peligrosa.
  • Prevén incendios, procura no fumar o botar colillas de cigarrillos. Está prohibido hacer fogatas o cocinar en el área.

Una aventura en busca de “El Limón”

Para llegar al salto de El Limón hay que auxiliarse de caballos

Para llegar al salto de El Limón hay que auxiliarse de caballos

Eran las seis de la mañana y el sol empezaba a abrir sus ojos para levantarse e iniciar su jornada diaria como todos los dominicanos. La autopista Duarte nos sirvió de guía, cruzando junto a nosotros los distintos pueblos de la hermosa región del Cibao. A las 10:15 de la mañana, el astro se oculta y una lluvia impetuosa tomó su lugar a pocos kilómetros del pueblo de Nagua.

A las 11:30 llegamos al lugar de encuentro: “La parada María y Miguel”, en la comunidad El Limón, de la provincia Samaná. Allí abandonamos el autobús para abordar uno de los medios de transporte terrestres más legendarios: el caballo. Más de cincuenta equinos esperaban a ser cabalgados por jinetes totalmente inexpertos, que desconocían del todo los vehículos de “cuatro patas”.

Escuchaba a los demás colegas de la prensa llamar a sus caballos por nombres muy peculiares pero que caracterizaban fielmente el estilo del animal, entre ellos se cuentan: La furia, La diabla, Camarón, Mantequilla, y otros. Mi nuevo amigo fue bautizado con el nombre de “Troya” y en verdad era un animal con todos los bríos y la gallardía de aquel caballo de madera que permitió la victoria de los griegos sobre los troyanos, según relata el clásico literario “La Odisea”.

Aventura
Iniciamos el trayecto por un camino resbaloso a causa de la lluvia y cubierto por un montón de piedras. Sin embargo, el simple contacto con la naturaleza arropaba cualquier temor que existiese. Junto a Troya subía la montaña y la confianza entre ambos se estrechaba, justo en el instante que razonablemente entendí -a pesar de lo paradójico- que “el animal debía guiar al ser humano”, puesto que estos equinos conocían el camino a la perfección y sólo ellos sabían cual atajo le resultaba más cómodo.

Treinta minutos tardó el recorrido a caballo, llegamos a una especie de parqueo hípico donde dejamos los animales para iniciar otra aventura a pie.

La travesía era digna de “Indiana Jones”, bajar la montaña, ahora con mis tenis como medio de transporte, procurando evitar deslizarme a causa del lodo, para ello me sujetaba de las ramas de los distintos árboles en el camino. Durante veinte minutos estuvimos descendiendo hasta llegar a un río el cual debíamos atravesar a pie, luego subir una pequeña colina y ¡sash!, un hechizo se apoderó de nuestros ojos.

“¡Dios, cuán grandes son tus maravillas!”, fue la única frase que atiné a decir, al ver el panorama: “El Salto El Limón”. Era una imagen que parecía irreal. Su esplendor era impactante. Una cascada que caía con tal ímpetu que sólo la naturaleza puede ofrecer.

Área protegida

El salto fue considerado área protegida con categoría de Monumento Natural mediante el decreto 233-96 del año 1996, siendo ratificado por la ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales, número 64- 00 en agosto de 2000.

La riqueza natural del lugar es impresionante. Consta de una flora diversa y gran variedad de especies de fauna que incluye aves nativas como el pájaro bobo, la cigua palmera, y cuatro ojos, entre otros.

Es un área mimada y se nota con el esmero en su conservación. “Las fuentes de agua que allí nacen son muy importantes tanto el río como el salto”, comentó Daneris Santana, subsecretario de Áreas Protegidas.

Cada vez más personas, nacionales y extranjeras se aventuran a conocer el Salto El Limón. De ahí el que cada año alrededor de 40 mil personas lo visiten. Es un buen lugar para el ecoturismo, actividad que se inició a mediados de 1982, de manera informal.

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