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Botellas de bioplástico a partir de algas

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Ya sean marinas o de agua dulce, las algas tienen un tremendo potencial para construir un mundo mejor, más saludable y cuidado, con un menor impacto ambiental. Se cultivan para obtener petróleo verde, biomasa, eco alimentos, filtrar agua contaminada o, por ejemplo, para hacer un bioplástico seguro para la salud y el medio ambiente.

Este último uso es cada vez más habitual. No en vano, los bioplásticos son una alternativa “verde” y sostenible, pues a los plásticos tradicionales y se crean utilizando fuentes renovables como las patatas, el maíz, la tapioca, el azúcar o también las algas.

Objetivo: un plástico más ecológico

Al contrario que los plásticos tradicionales, que se fabrican a partir de los combustibles fósiles, los bioplásticos suponen una alternativa verde, ya que son biodegradables, además de permitir un uso práctico como compost natural o facilitar su reciclaje.

Además, al no depender de los altibajos en el precio del petróleo, que a menudo encarecen el plástico, los bioplásticos son cada vez una opción más demandada. Sobre todo, además, teniendo en cuenta la necesidad de hallar un sustituto seguro para el entorno y la salud. Justamente, este doble objetivo es el que cumplen los envases alimentarios creados a partir dealgas por Ari Jónsson, un estudiante de la Academia de las Artes de Islandia.

Su proyecto, presentado del 10 al 13 de marzo de 2016 en Design March (Reykjavik), una prestigiosa feria del diseño, se tradujo en una botella plástica biodegradable, si bien podría utilizarse para fabricar otros muchos tipos de envases alimentarios.

Bio-plastico

Jónsson explica que la idea surgió por la “urgente necesidad” que tiene el mundo de encontrar sustitutos al plástico. Este joven islandés tiene muy claro que desarrollar un material desustitución debe ser una prioridad y por esta razón quiso realizar su particular aportación.

“¿Por qué utilizamos a diario materiales que tardan cientos de años en descomponerse en la naturaleza una sola vez y luego los tiramos a la basura?”, se lamenta. Su “invento”, sin embargo, demuestra que sabe hacer mucho más que simplemente quejarse.

¿Cómo consiguió convertir algas en bioplástico este estudiante de una academia de arte? Documentándose y buscando la mejor de las opciones en la realización de sus pruebas, hasta llegar al resultado final, justo el que puede verse en las imágenes.

En concreto, se planteó hacer una botella que pudiera sustituir al plástico tanto para cuidar el entorno como para ofrecer una mayor seguridad alimentaria. Finalmente, el polvo de agar (una especie de gelatina) fue la materia prima elegida.

Aprovechó esa masa gelatinosa que se consigue cuando se añade agua al polvo de agar para darle la forma deseada. Lo logró calentando la mezcla y luego vertiéndola en un molde con forma de botella, previamente congelado. A continuación, gira éste mientras permanece sumergido en un cubo de agua helada, para finalmente introducirla en el refrigerador durante algunos minutos.

Finalmente, se extrae del molde y se llena de agua. Es curioso que la botella mantenga su forma solo mientras esté llena. En el momento en el que se quede vacío pierde su forma y gracias a su composición se biodegrada de forma rápida.

La composición de esta peculiar botella también resulta mucho más saludable que los típicos plásticos. Recordemos, sin ir más lejos, el riesgo que entrañan materiales como el PVC, BPA o bisfenol A u otras resinas o químicos inestables que suelen usarse para la fabricación de botellas de plástico.

Y lo más divertido: si bien la botella puede transmitir un cierto sabor al agua al cabo de un tiempo, tal y como advierte Jónsson, éste podría ser del gusto del consumidor. Por lo tanto, no habría inconveniente en que luego se la comiera, con lo que ello supone a la hora de innovar a la hora de enriquecer nutricionalmente la botella.

 

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