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Aves que mueven el turismo en el Este

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Orniturismo, una aventura con interés turístico en el Este

HATO MAYOR. Cada vez más la observación de aves se abre paso en ciudades como Higüey, El Seibo y Hato Mayor, donde especies de aves endémicas y migratorias hacen del orniturismo un concepto ecológico para el turista nacional y extranjero.

Hato Mayor, declarada la primera provincia ecoturística del país, mediante la Ley 77-02, ha avanzado en términos turísticos y sus copiosos bosques en empinadas montañas, permiten la exploración de aventuras diversas, con las que busca atraer, deleitar y dar a conocer los patrimonios de la naturaleza con que cuenta.

La observación de aves, que aunque es una práctica que acompaña a la humanidad, aquí, se le está dando connotación turística y con muy buenos resultados.

En Hato Mayor nace el orniturismo con la instalación del hotel Paraíso Caño Hondo, que organiza excursiones solo para observar aves durante el día y la noche en el Parque Nacional Los Haitises.

Los adeptos van desde turistas; españoles, rusos, canadienses, alemanes y estadounidenses, hasta fotógrafos dominicanos, que no escatiman esfuerzo para vivir en el bosque y montañas disparando cámaras, para capturar imágenes de Gavilán de la Hispaniola, guaraguao, paloma turquesa, pelícano, cuervo, cotorra y otras aves no menos atractivas y coloridas.

El aviturismo, como también lo denominan los tratadistas y conocedores del ecoturismo, ya es una realidad, pero hace falta una mayor promoción para motivar a turistas y excursionistas a conocer sobre la fauna nativa de los bosques, costas y montañas de Hato Mayor, El Seibo e Higüey.

Tony Demorizi, quien organiza las excursiones a ver “los pájaros” del monte, dijo que entre las aves más observadas hasta el momento está el Gavilán de la Hispaniola, de los cuales asegura existen más de 200 sobrevivientes.

Demorizi dijo que tiene la excursión, denominada “Ruta del Gavilán”, que se hace partiendo del hotel Paraíso Caño Hondo, a unos 7 kilómetros al oeste del municipio costero de Sabana de la Mar.

Con periodicidad, turistas aventureros frecuentan las ciudades boscosas del Este, con interés de observar la avifauna en su entorno natural.

A Tony Demorizi se le puede considerar el iniciador del orniturismo organizado en la zona Este.

La Bahía de Samaná y la subahía San Lorenzo, son escenarios potenciales para el avistamiento de aves, que se asientan y levantan de los cayos, dispersos como azucenas sobre las aguas costeras.

Los turistas procuran ver a las aves alzar el vuelo, y conocer sus nidos en Los Haitises, a los que dedican horas.

Este tipo de turismo tiene cada vez más demanda entre vacacionistas, turistas y estudiosos de la naturaleza.

En Punta Cana, la Fundación Ecológica del grupo Punta Cana, es quien más provecho económico obtiene al avistamiento de aves, organizando excursiones al bosque tropical, donde ha liberado decenas de parejas de Gavilán de la Hispaniola y protegen otras especies nativas.

En las montañas

En las elevaciones montañosas del Este, que inicia en la comunidad de Capote, cruzando los Haitises, extendiéndose hasta Miches e Higüey, se pueden observar aves como el cernícalo o cuyaya, el Gavilán de la Hispaniola, aura tiñosa, barrancolí, paloma turquesa, pájaro bobo, carpintero, ruiseñor, cigua palmera, petigre, chinchilín, judío, lechuza o búho.

En las costas, las más pintorescas y que mueven a la fotografía son el alcatraz, la gaviota y el pelícano.

Las caminatas diurnas y nocturnas para conocer al Gavilán de la Hispaniola y la lechuza ceniza, es un recorrido que ha despertado un interés fuera de serie entre turistas y excursionistas que se desplazan por hoteles del Este del país.

El Gavilán de la Hispaniola, cuyo nombre científico es Buteo Ridgwayi, es una especie críticamente amenazada, “pero que en la zona Este es celosamente protegida, al incentivarse el orniturismo.

La caminata para encontrar al Gavilán se hace en un recorrido de cuatro horas, saliendo del hotel Caño Hondo, ubicado en la falda de la montaña de Los Haitises. Es una aventura sin par.

Recomendaciones

Llevar zapatos cómodos, guía o cartilla de observación, binoculares, cámara fotográfica, repelente contra insectos y bloqueador.

El avistamiento de la lechuza cara ceniza (Tyto Glaucops) o la lechuza de campanario cenicienta, que es una especie endémica de ave de rapiña nocturna de la isla Española, también es observada por los turistas y estudiosos de la biología, que se desplazan a la zona de Sabana de la Mar a conocer sobre esta nueva aventura turística, que está alcanzando récord en visitas.

La excursión nocturna para ver la Cara Ceniza inicia a la 8:30 de la noche y la caminata tiene una duración de aproximadamente dos horas en la zona, en medio de las tinieblas de la noche, donde puede escuchar “cuchicheo” de las aves, ratas y luces de las luciérnagas, que abundan el bosque esteño.

La luz de sus ojos, que parecen linternas, delata la lechuza Cara Ceniza.

Los excursionistas, con linterna en mano, realizan sus caminatas por el bosque en horas de la noche para poder apreciar las aves nocturnas.

El turismo ornitológico se está practicando con pasión y mucho interés en la zona Este del país, y dando buenos resultados al turismo dominicano.

Cautiva al visitante conocer sobre los Cayos de los Pájaros que se levantan sobre las aguas de las bahías San Lorenzo, Samaná y Las Cañitas. Son verdaderos bancos donde se asientan aves migratorias y nativas y donde los turistas para llegar tienen que cruzar por la carretera acuática-ecológica del río Jibales que abre al mar en un espectáculo excepcional que sólo se puede ver en esta zona del país.

Caminar por la carretera ecológica-acuática, es una aventura única vivida en el país, porque permite andar por un estrecho de agua dulce combinada con salada, rodeado de manglares, de donde los turistas y excursionistas pueden apreciar garzas blancas, pelícanos, alcatraces, gaviotas y otras que anidan y se alimentan de peces en la zona.

El ruido que deja el motor de la embarcación obliga a las aves alzar el vuelo, haciendo acrobacia natural, al dejarse llevar por los vientos alisios, que las “jamaquean” de un extremo a otro.

 

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