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Agua potable Entre la escasez y el derroche

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Gran cantidad de agua se desperdicia a causa de averías en tuberías y otras instalaciones de los acueductos, las que con frecuencia no son reparadas con la debida celeridad. Archivo.

Gran cantidad de agua se desperdicia a causa de averías en tuberías y otras instalaciones de los acueductos, las que con frecuencia no son reparadas con la debida celeridad. Archivo.

HOY / 28 DE ENERO DE 2014 / POR MINERA ISA

Pese a las inversiones millonarias en acueductos con modernos sistemas de purificación, todavía República Dominicana carece de un suministro de agua potable satisfactorio en cantidad, calidad y continuidad.

Además de la intermitencia del servicio, no se recibe agua de pureza confiable, por la inadecuada potabilización o al contaminarse en el trayecto por las redes de distribución.

El índice de potabilidad del agua para consumo humano, de 95%, no se alcanza en muchos acueductos, y si se logra, generalmente se degrada tras salir de la planta de tratamiento. Agua costosamente purificada, de buena calidad microbiológica, preclorada y posclorada, se contamina con bacterias que penetran por tuberías corroídas.

Se estima que un 67% de las viviendas posee acometidas, pero conforme a un estudio de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el 90% de los hogares no dispone de un suministro regular de agua apta para consumo humano.

La cobertura, amplia en la zona urbana respecto a la rural, no significa disponer del servicio suspendido o racionado por averías, falta de electricidad, cíclicas sequías, crecidas y arrastre de material granular en ríos.

Ineficiencia. Las pérdidas de agua potable son cuantiosas, sobrepasan el 50% en la mayoría de los acueductos, a veces hasta 60%, evidenciando la gran ineficiencia operativa.

Millones de pesos gastados cada día para purificar aguas crudas a veces conducidas desde tomas lejanas, a causa de la polución que encarece el proceso. Construyen las infraestructuras pero se descuidan el sistema operativo. ¡Dinero, tiempo y esfuerzo derramados!

De cada cien galones del agua tratada, más de la mitad no se aprovecha por fugas y desperdicios. Escapa por grietas en tuberías viejas y las instalaciones clandestinas improvisadas por usuarios que rompen cañerías y acometidas.

De la recibida en la vivienda, cerca del 20% se esfuma con los desperdicios intradomiciliarios, por la arraigada creencia de que el agua no cuesta nada. La poca que se aprovecha suele llegar contaminada, amenazando la salud.

Impacta economía. A la par con la mayor inversión al tratar aguas muy contaminadas, el Estado tiene que erogar recursos financieros para asistir enfermedades de origen hídrico, con alta morbilidad y mortalidad.

El déficit en el servicio también impacta la economía familiar, debido a la deficiencia o la desconfianza en el agua servida por los acueductos.

En adición al gasto en la curación de patologías hídricas, hay que invertir en cisternas y tinacos, compra de agua en camiones-cisterna y la destilada o embotellada para beber. Un consumo creciente, costoso y no siempre confiable.

Consumo. La dotación promedio nacional de agua potable, con un per cápita diario estimado entre 450 y 500 litros, esconde la inequidad en su distribución. Unos la derrochan, a otros les falta.

Como en otros bienes, existen marcadas diferencias en el consumo, desde el dispendio a severas carencias entre quienes buscan un chorrito en una acometida o cañería rota, almacenándola con muy precaria higiene. Persisten enormes brechas campo-ciudad, y entre zonas residenciales y marginadas.

El per cápita nacional duplica el uso racional, que de acuerdo con los estándares internacionales fluctúa entre 200 y 250 litros diarios por persona.

En el alto consumo promedio, que supera Estados Unidos y Europa, influye la industria hotelera, con una media diaria de 1,483 litros por huésped, el doble del de otros países en el Caribe.

Riesgos potenciales. La insania ambiental potencializa los riesgos de enfermedades asociadas a la ingesta de agua insalubre, deficiencias en la recolección de basura, disposición de excretas y en alcantarillado.

Este servicio apenas alcanza 18% de la población capitaleña, donde la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) anunció el inicio de la primera de cuatro etapas del Plan Maestro del Alcantarillado de Santo Domingo.

Las plantas de tratamiento permitirán que las aguas residuales vertidas en el Ozama e Isabela lleguen sin contaminantes al litoral del Mar Caribe.

Mientras, estudios del Banco Mundial indican que 89% de la población dominicana posee algún servicio sanitario, pero solo 20% está conectado a sistemas de aguas residuales.

Virus y bacterias. Aguas de uso doméstico se contaminan con virus y bacterias, parásitos como áscaris, tricocéfalos, hongos y larvas.

Es alta la incidencia de salmonelosis, diarreas virales y las causadas por Escherichia coli, pseudomonas, microorganismos fecales procedentes de excretas y aguas residuales.

Al agua insalubre y deficiente saneamiento ambiental se asocian la amebiasis, ascariasis, fascioliasis hepática, el virus A de la hepatitis y otras patologías víricas y protozoarias en las que la calidad del agua es relevante para su prevención y erradicación.

La prevención incluye la utilizada para preparar alimentos, lavar ropa y otros usos higiénicos. Afecciones de piel, ojos, oídos y vías respiratorias superiores son contraídas al bañarse con aguas contaminadas.

Contraviniendo la prevención, con frecuencia Salud Pública incumple su responsabilidad de mantener controles que eviten la polución en abastecimientos para consumo humano.

Una alta polución ocurre en la periferia de las ciudades, donde proliferan tuberías rotas, piletas al lado de acometidas. El agua se degrada, asimismo, en las cisternas domiciliarias, criaderos de insectos, por cuyas fisuras hacen contacto con aguas de pozos sépticos. El cloro residual de los acueductos suele ser insuficiente, y deben ser higienizadas y clorinadas por sus propietarios.

Garantizar la pureza del agua en la planta de tratamiento y en las redes, asegurando la ausencia de microorganismos resistentes, exige una rigurosa vigilancia, a fin de determinar si el proceso de purificación se cumplió o si el agua se adulteró en el trayecto.

 

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