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Cómo ayudar a las tortugas marinas

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Ohiana Revuelta, Jesús Tomás y Pelagio Paulino junto a Yolanda, tortuga que anidó en isla Saona en 2008 y ha vuelto.

Ohiana Revuelta, Jesús Tomás y Pelagio Paulino junto a Yolanda, tortuga que anidó en isla Saona en 2008 y ha vuelto.

DIARIO LIBRE / 17 DE AGOSTO DE 2010 / POR SIMON GUERRERO

SANTO DOMINGO. Agradezco a las personas que me escribieron solidarizándose con la campaña para preservar a las tortugas marinas y ofreciendo su apoyo desinteresado a esta causa. Las personas de buena voluntad son mayoría en nuestro país, aunque cierta gente nos quiera convencer de lo contrario. Reporté a Yolanda León los nombres y los correos de las personas que mostraron interés en involucrarse directamente en el proyecto.

La gente debe entender claramente qué cosas hacer y cuáles no hacer para salvar a las tortugas (Con la exhortación no basta). La dinámica de los ecosistemas marinos es muy compleja y la actividad más inocente puede constituir una amenaza. En julio del 2004 escribí un artículo titulado “Instrucciones para matar tortugas marinas en un cumpleaños”, que a primera vista pareció absurdo a los lectores. ¿Qué relación puede existir entre los cumpleaños y la muerte de las tortugas? Pues sucede que los globos que flotan, cuando se escapan, son llevados por la brisa hacia el mar donde finalmente se desinflan y caen. Como un globo que flota se parece mucho a una “Agua Viva” o “Medusa”, que es uno de los platos favoritos de algunas tortugas marinas, éstas se lo tragan, originándoles obstrucciones gastrointestinales.

El mismo error cometen con vasos y fundas plásticas que de diversas formas van a parar al mar. No echar plásticos cerca del mar es una forma de ayudarlas a sobrevivir. Además, la basura acumulada en las playas de anidamiento puede hacer que las hembras se devuelvan al mar y no desoven. Por otra parte, muchas tortugas marinas mueren cada año en las redes de atrapar camarones. Otro problema son las luces artificiales en las playas, ya que pueden inhibir la conducta de anidamiento, pues las tortugas, que son nocturnas, las confunden con la luz solar. En algunos países, los recién nacidos, confundidos por las luces, caminan en dirección opuesta al mar y terminan aplastados por los carros en parqueos y carreteras. El flash de una cámara puede hacer que una tortuga desista de desovar y regrese al mar. Muchas veces los nidos son saqueados para comerse los huevos, bajo la falsa creencia de que tienen poderes afrodisíacos. También las cazan para fabricar con sus conchas peines, monturas de lentes y otras curiosidades. No es fácil calcular la edad de las tortugas marinas, pero los científicos han desarrollado métodos que permiten hacer estimaciones bastante aproximadas, según las cuales pueden vivir entre 50 y 80 años.

Es increíble que un animal en el que la naturaleza invirtió tanto tiempo, sea sacrificado para satisfacer caprichos triviales que pueden fabricarse de otro material. No comprar ni usar objetos fabricados con concha de tortugas, ni consumir sus huevos ni su carne (y denunciar a los comercios que lo hacen) es una forma efectiva de reducir un impacto mortal en sus poblaciones. También es crucial la conservación o restauración de la vegetación natural de sus playas de anidamiento. Otra forma eficaz de salvar nuestras tortugas es hacer contribuciones económicas al proyecto. Yvonne Arias y Yolanda León, haciendo honor a sus orígenes banilejos, son trabajadoras incansables y honestas y manejan esos fondos con escrupulosa tacañería. La vida sexual de las tortugas y los mitos sobre el carácter afrodisíaco de sus huevos será el tema del próximo artículo.

guerrero.simon@gmail.com

Más información sobre el proyecto: www.grupojaragua.org.do/nidificacion.htm

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