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El Quetzal de la Hispaniola, víctima del cambio climático

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Trogon hembra alerta.

Trogon hembra alerta.

DIARIO LIBRE / 28 DE AGOSTO DE 2015 / POR SIMÓN GUERRERO

En el VII Congreso Internacional de Investigación Científica del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCYT), presenté un trabajo titulado.: “El trogon de la Hispaniola: Un ave que padece y mitiga los efectos del cambio climático” refiriéndome a cómo esta especie ayuda a regular los ecosistemas, dispersando semillas de plantas silvestres que desaparecerían si ella se extinguiera. . Al mantener los ecosistemas naturales sanos, mitiga los efectos del cambio climático. Pero también lo padecen, pues las tormentas, las inundaciones y la sequía prolongada destruyen los árboles donde anidan y provocan escasez de alimento. Por eso los nidos artificiales cumplen un doble propósito: permiten obtener información científica sobre la especie y contribuyen a su conservación.

Aunque sabíamos eso, nunca pensamos que íbamos a padecer tan drásticamente los efectos del cambio climático. El año pasado, en el 50% de los nidos instalados nacieron pichones. Este año, a pesar de que se veía merodear el mismo número de parejas, tuvimos una sola nidada. La sequía que azota al Caribe, vinculada al cambio climático, parece haber sido la responsable de esta escasez.

Hasta que no llueve, los ciclos reproductivos de casi todos los seres vivos se retrasan; en ocasiones tanto, que no llegan a ocurrir. . En el caso de las aves, mientras no llueve no hay flores, ni insectos, ni frutas; en fin, no hay comida. Pero además de la comida, los ciclos reproductivos algunas veces dependen de factores climáticos como la humedad relativa del aire. Sería antropomórfico afirmar que las aves se planifican y no se arriesgan a tener hijos si no van tener con qué alimentarlos, pues es difícil probar que se trata de una decisión intencional o consciente. Sin embargo, al final, si nos atenemos a los resultados, eso es lo que sucede.

Aprendimos muchas cosas en lo que va de proyecto, algunas por la confirmación de nuestras expectativas, otras, las más interesantes, a partir de nuestras suposiciones erróneas. Dice B. F. Skinner, que uno de los riesgos de aferrarse a una hipótesis es que podemos percibir como fracasos todos los resultados que rechacen dicha hipótesis. Pero de los errores también se aprende y muchas veces más que de los aciertos. Por ejemplo, uno de nuestros temores era que los nidos artificiales fueran ocupados o saqueados por los carpinteros (Melanerpes striatus).

Ya en otra ocasión no sólo ocuparon sino que remodelaron, abriéndole otra entrada, unos nidos que instalamos para cotorras (Amazona ventralis). Creíamos haber resuelto este problema haciendo nidos de un material más resistente y agrandando sus dimensiones. Fracaso total. Tres de nuestros nidos fueron ocupados por carpinteros y en uno de ellos nacieron y se criaron tres saludables polluelos. ¿Es esto un fracaso? De ninguna manera. Ahora sabemos algo importante que ignorábamos: Aceptan nidos artificiales. Y como se trata de una especie endémica de la que no se sabe mucho, esta información, obtenida en cierto modo por serendípity, nos conduce a nuevos proyectos.

Tenemos que confesar que cuando descubrimos que los carpinteros habían ocupado uno de los nidos artificiales enfrentamos un conflicto ético. Tratamos de convencerlos de que esos nidos fueron instalados para los trogones y que, además, ellos no los necesitaban pues sabían construirlos. Pero era un argumento débil pues los carpinteros también son endémicos y cerca de 4 especies de aves (2 de ellas endémicas) usan los nidos construidos por los carpinteros. Tienen bien ganado el derecho a una vivienda gratuita.

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