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La fábula de las águilas que se arrancan el pico

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Águila imperial europea (Aquila heliaca)

Águila imperial europea (Aquila heliaca)

DIARIO LIBRE / 17 DE OCTUBRE DE 2011 / POR SIMÓN GUERRERO

(Parte II)

SANTO DOMINGO. No sé por dónde empezar a desmontar esta fábula absurda. Comencemos por “el águila”. No se puede hablar como si se tratara de una sola especie. La familia a la que pertenecen las águilas (Accipitridae) es la más numerosa entre las rapaces diurnas con más de 233 especies. Es un error común. Con frecuencia alguien me pregunta “¿Es verdad que el mono es el único animal que miente?” Aclaro de inmediato que existen muchos géneros y muchas especies de mono, y pregunto a cuál de ellas se refiere. Curiosamente, los promotores de la fábula, que la difunden en sus cursos y talleres, se mantienen hablando del “águila”, a pesar de que en sus presentaciones muestran fotos de varias especies de esta familia, desde el águila imperial europea (Aquila heliaca) hasta el águila calva norteamericana (Haliaeetus leucocephalus), una discreta águila pescadora que nada tiene de imperial y jamás caza presas que pasen de 4 libras, aunque haya sido escogida como símbolo por el país más poderoso de la tierra.

Por otra parte, el pico de las aves se regenera y se desgasta continuamente, lo que hace imposible (al menos en el ambiente natural) que crezca en las proporciones que se reportan en esta fábula. No queda claro si lo que el ave se arranca es el pico completo o la parte exterior. Dada la anatomía de las aves, sería imposible arrancar el pico entero con simples golpes en la pared. Otro tanto podría decirse de la extirpación de las garras. Es difícil creer que un animal debilitado por el hambre y el frío sobreviva a esa cirugía múltiple. En lo que se refiere a la muda del plumaje, casi siempre es anual y se produce poco a poco, con la excepción de algunos miembros de la familia Ramphastidae (Tucanes), Rallidae (gallaretas), Alcidae (parecidas a los pingüinos) y algunos patos que pierden las plumas del vuelo, por lo que tienen que quedarse un tiempo en tierra, pero sin dejar de comer. En las aves de rapiña, contrariamente a lo que pretende esta descabellada historia, como su alimentación depende totalmente del vuelo, no se desprenden de una pluma de vuelo hasta que la contigua ha crecido completamente, no perdiendo nunca su capacidad de cazar. Algunas lo hacen tan paulatinamente que la muda es continua pero poco intensa. Por ejemplo, en el águila real (Aquila chrysaetos), la muda completa de las plumas del vuelo dura dos años. Es obvio que la naturaleza ha encontrado formas más sencillas, eficientes y seguras para resolver los problemas de la muda en las rapaces, que las soluciones fantasmagóricas que se proponen en esta fábula.

(guerrero.simon@gmail.com)

 

 

 

 

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