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El acuerdo sobre el cambio climático

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DIARIO LIBRE / 15 DE DICIEMBRE DE 2015 / POR EDUARDO GARCÍA MICHEL

Acaba de firmarse en París el acuerdo para tratar de evitar que prosiga el proceso de calentamiento global, que de continuar convertiría en inhabitable el planeta, provocaría la ruina temprana a países insulares como el nuestro y progresivamente a todos los demás.

Para algunos este acuerdo constituye un hito, la salvación del género humano.

Para otros es sólo un avance, muy bienvenido, con respecto a posiciones anteriores de los diferentes gobiernos, puesto que contiene compromisos a ser asumidos con mayor firmeza y universalidad.

Y, sobre todo, es portador de la intención de revisar la situación cada cinco años y adoptar medidas adicionales de reducción de gases de efecto invernadero, según se requiera.

Si sigue aumentando la temperatura nadie podrá habitar en las zonas tropicales y subtropicales, los glaciares continuarán fundiéndose, los mares seguirán subiendo su nivel, y los cataclismos climáticos serán cada vez más frecuentes en cualquier punto del globo.

Este es un asunto que no se soluciona con medidas parciales de unos, mientras los demás permanecen inactivos o empeoran la situación.

No se trata de que algunas naciones recorten la emisión de gases de efecto invernadero, mientras el resto continúa incrementándolo bajo el argumento de que los países avanzados se desarrollaron expandiendo estos gases y no es justo que el resto, que vive en el mundo subdesarrollado, no pueda hacer lo mismo.

Esa fue la posición inicial de países como China y la India, entre otros, que ha sido modificada porque la evidencia está mostrando que en algunas grandes ciudades ya casi ni siquiera se puede respirar, que no fueren gases tóxicos.

¿De qué vale pues un desarrollo industrial y urbano si la calidad de vida se degrada?

Por tanto, poner remedio eficaz es algo que exigirá la participación de gobiernos y ciudadanos a escala global porque no hay opciones: si no actuamos con responsabilidad el planeta se convertirá en hostil para todos, no para unos sí y para otros no.

El mundo tendrá que someterse a un reto enorme, puesto que el acuerdo no lo puede imponer un gobierno ni existe una superestructura mundial que lo convierta en obligatorio, sino que es fruto del consenso, del convencimiento de que hay que hacer algo. Sin embargo, esa es una de sus debilidades, la falta de mecanismos expeditos de castigo o penalización.

En particular en la isla de Santo Domingo, y en otras similares, será necesario que se asuma con la mayor responsabilidad este reto, no descansando en lo que puedan hacer los demás sino en lo que tendremos que hacer nosotros mismos.

Uno de los avances del acuerdo es el propósito de “movilizar conjuntamente 100,000 millones de dólares anuales para la mitigación y la adaptación de aquí a 2020” y de cantidades mayores para periodos posteriores.

Esto significa que se estaría abriendo una magnifica oportunidad si pudiéramos llevar a cabo planes en gran escala que permitieran combatir la emisión mundial de dióxido de carbono y a cambio se nos reconociera esa contribución mediante pagos en numerario, pues estaríamos mejorando los ingresos, el empleo, y la dotación y uso de los recursos naturales.

El gobierno debería elaborar un plan detallado que otorgue prioridad a las medidas activas de reducción de los gases efectos invernadero mediante el fomento de bosques y protección de cuencas. Son muchas las tierras sin uso, baldías, o semi baldías, con vocación forestal. Y optar a recibir recursos por esta contribución que tendría que ser medible, con la ventaja añadida de recuperación de las fuentes de agua, ya agotadas.

Con o sin acuerdo sobre el cambio climático, estamos obligados a modificar con urgencia las prácticas generalizadas que han estado deteriorando el medio ambiente.

Duele reconocerlo, pero nos hemos convertido en una amenaza para el equilibrio ecológico, por falta de educación y de aplicación de las leyes. Es terrible lo que ya está sucediendo en los cauces de los ríos o en las aguas subterráneas, convertidas en estercoleros.

Vamos en camino de la extinción del agua potable por contaminación de las fuentes.

Procede hacer un alto en el camino y efectuar un inventario, cuya conclusión, perceptible a simple vista, es que la destrucción de los recursos naturales en el país ha sido inmensa. El desapego del ciudadano por las buenas prácticas ambientales es total.

Hay que cambiar esa conducta mediante campañas educativas intensas y continuadas, aparte de penalizaciones que se apliquen y sirvan de disuasión.

Bienvenido el acuerdo de París. Aprovechemos la ocasión para mostrar mayor responsabilidad con nuestro propio destino y rectificar lo que internamente se ha hecho tan mal.

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