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Ecoaldeas, tras un nuevo modelo de vida

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Las calles están pintadas de marrón y son peatonales. Los niños tienen pista libre para jugar en ellas sin ningún peligro. EFE

Las calles están pintadas de marrón y son peatonales. Los niños tienen pista libre para jugar en ellas sin ningún peligro. EFE

DIARIO LIBRE  / 25 DE DICIEMBRE DE 2013 / POR ROCÍO ROSA RUBIO/ EFE

El objetivo es mostrar en la práctica ejemplos de vida sostenible.

Basada en una estructura comunitaria dinámica, la ecoaldea es una propuesta de sociedad sostenible que respeta la naturaleza y mantiene formas saludables de desarrollo sin negar la existencia de tecnología.

A 45 kilómetros del centro de Madrid (España) se halla la ecoaldea de Valdepiélagos, fundada en 1996 por un grupo de idealistas en busca de un proyecto de vida que produjera el mínimo impacto sobre el medio ambiente. Víctor Torre Vaquero, uno de sus fundadores, declara: “nuestra huella ecológica puede ser un 50 por ciento menor al de las casas próximas: utilizamos calefacción solar, algunos tenemos huertas, reciclamos la basura orgánica, también algunos somos vegetarianos y, en ciertos casos, nuestros trabajos tienen que ver con la educación medioambiental”.

En 1991 Gaia Trust, una de las mayores iniciativas que apoya los proyectos de ecoaldeas, creó la Red Global de Ecoaldeas (Global Ecovillages Network) que desarrolla una visión revolucionaria para una vida más sostenible.

Defiende la importancia incondicional de reorganizar los programas actuales de desarrollo, economía, energía y estructura social dentro de cada uno de los modelos de comunidad, es decir, teniendo en cuenta las diferencias culturales, climáticas y materiales de cada lugar.

Rashmi Mayor, Director del Instituto Internacional para un futuro sostenible y consejero de las Naciones Unidas, afirmó en la Agenda 21, programa para el desarrollo sostenible global llevado a cabo en la Conferencia de las Naciones Unidas en Río de Janeiro en 1992, que “deberíamos construir mercados para la gente y no los deshumanizados centros comerciales”.

Para los seguidores de este plan ecológico, las ecoaldeas proporcionan más contacto con la naturaleza, una producción local de alimentos y manufacturas, menos transporte y, por ende, menos polución, recursos energéticos renovables, un aumento de la calidad de vida, y enriquecimiento de las relaciones personales, más comunitarias y menos individualistas.

“Nuestras casas fueron realizadas en bioconstrucción, con diseño bioclimático. Realizamos la separación de aguas grises y espacio para huerta y frutales. Las relaciones entre los vecinos son muy buenas. Por otro lado, es muy satisfactorio tener la conciencia tranquila de que estamos haciendo todo lo que podemos por nuestro planeta, viviendo de una manera ecológica”, expone Torre Vaquero.

Tierra, Agua, Fuego y Aire: La Clave

Hildur Hackson, cofundadora de Gaia Trust, define en su página web el término ecoaldea como “un asentamiento sostenible en un medio urbano o rural, que respeta y restaura el sistema circulatorio de los cuatro elementos, tierra, agua, fuego y aire, en la naturaleza y en las gentes”.

Cada elemento se identifica con un aspecto esencial de la vida: la tierra con las estructuras físicas, como la permacultura -un tipo de producción de alimentos ecológica-; el agua con las infraestructuras, por ejemplo en sistemas integrados de energías renovables; el fuego con las estructuras sociales, como tomar las decisiones en comunidad; y el aire con la cultura, por ejemplo, enriqueciendo la creatividad y rechazando la alienación a la sociedad de masas, entre muchos otros.

“Para mí, el movimiento de ecoaldeas es una de las más esperanzadoras e importantes tendencias actuales a nivel global”, testifica Helena Norberg-Hodge, directora de la Sociedad Internacional de Ecología y Cultura y codirectora del Foro Internacional sobre Globalización en la Agenda 21.

En la Conferencia de las Naciones Unidas de Río de Janeiro, donde se reunieron representantes de 173 gobiernos y 2.400 de ONGs del mundo, se trataron temas globales como: la escasez de agua, la contaminación y el cambio climático -más tarde se produciría la creación del Protocolo de Kioto-, y se acordó construir asentamientos sostenibles que sirviesen de modelos para toda la humanidad.

J. T. Ross Hackson, fundador de Gaia Trust junto a su mujer Hildur Hackson, declaró en el programa de desarrollo sostenible que “el objetivo es mostrar en la práctica ejemplos de vida sostenible, para que otros puedan aprender e imitar”.

No exagera Helena Norberg-Hodge cuando afirma, en la Agenda 21, que el mundo ha visto crecer sus niveles de congestión urbana, contaminación, tráfico, criminalidad, enfermedades, suicidios, homogeneización cultural, desplazamientos masivos a las ciudades en beneficio de la economía global y en detrimento de la calidad de vida de los más pobres. “El consumo de petróleo se ha disparado -explica- y el medioambiente, nuestro espacio vital, lo está pagando muy caro”.

Antiguamente los gobiernos más desarrollados, pertenecientes al hemisferio norte, pensaban que el modelo occidental de urbanización y de fuerte cultura consumista era todo un ejemplo para los países menos desarrollados del hemisferio sur. Helena Norberg-Hodge asegura que esta creencia es errónea: el estilo de vida ilógico, que debe cambiar drásticamente, es el de las naciones globalizadoras.

Conviene que la comunidad global admita que las tendencias actuales son insostenibles y que la idea innovadora que proponen las ecoaldeas se promueva por todo el globo.

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